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La falacia de argumentación de las campañas antivacunas 1

Actualizado: 26 de jun de 2019


La inseguridad. Según reconocidos especialistas, el auge de los movimientos antivacunas tuvo su hito más dañino a nivel mundial, cuando en 1998, una supuesta investigación publicada en una prestigiosa revista científica, asociaba la vacuna conocida como la triple viral con el autismo. Afirmación temeraria que nunca se pudo probar científicamente, que obligó a la publicación a retractarse y se llegó a sancionarse al investigador. Cuando eso ocurrió, el mal ya estaba hecho, dice la investigadora Romina Libster: “muchos dejaron de vacunar a sus hijos y esa idea quedó instalada en la sabiduría popular. Se perpetuó en el tiempo por personalidades mediáticas o famosos que agarraron esa bandera en vez de confiar en los científicos que trabajaron toda una vida en el laboratorio pero tienen menor visibilidad”.

Las “noticias falsas” en el mundo de la salud es un mal que es preciso erradicar. La población debe saber –como explica Alejandro Lozano, especialista en alergia e inmunología de una manera sencilla, que cuando nos vacunamos se nos inocula antígenos, pequeñas porciones de los agentes infecciosos o agentes infecciosos atenuados, para que nuestro sistema defensivo "aprenda" a reconocerlos y pueda neutralizarlos antes de que estos produzcan enfermedad. Estas medidas son consideradas de prevención primaria, es decir se usa en la población sana de manera universal y permite evitar la enfermedad”.

En cuanto a los riesgos o sus efectos secundarios, añade que cualquier acción médica tiene sus riesgos: “En el caso de las vacunas los riesgos son de muy baja prevalencia y habitualmente muy leves. Siempre hay que evaluar riesgos beneficios y no hay duda que en las inmunizaciones en la ecuación existe un claro predominio de los beneficios. Cuando se presentan efectos secundarios son leves y transitorios como fiebre e irritabilidad, fácilmente manejables”, completa. En este sentido, con base en la evidencia científica, se puede afirmar, en forma contundente, que las vacunas son seguras.

De alguna como señalan los especialistas, las vacunas son víctimas de su propio éxito: “al haber disminuido tanto la circulación de enfermedades terribles como el sarampión, la polio o la meningitis, la gente prácticamente las desconoce y no las percibe como un riesgo real. A los jóvenes la polio se la contaron, por eso no asimilan el riesgo. Los mayores de 60, en cambio, se acuerdan de los pulmotores y de las parálisis terribles”.




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